Las autoridades estadounidenses descartan que la caída del satélite espía, lanzado en 2006, represente un peligro para zonas pobladas de la Tierra. Desde hace 50 años se han enviado a la atmósfera unos 17.000 objetos creados por el hombre. Los satélites espías precisan de un combustible altamente tóxico y podría haber algún peligro en el caso de que ese combustible no explosione al chocar con la atmósfera, afirman los científicos.